Cómo actuar frente al problema de la dislexia infantil

Hablemos hoy de la problemática leve, mediana o grave de los niños a los que etiquetamos como disléxicos, a veces, sin los conocimientos o las pruebas realizadas por expertos para detectar la dislexia.

Qué es la dislexia

Como idea general la dislexia es la dificultad que presentan algunos niños para adquirir la lectoescritura. A ella se asocian la disortografía y la discalculia principalmente.

La dislexia verdadera es la que se produce por una disfunción cerebral y es de origen genético. Las competencias del lenguaje que corresponden al hemisferio cerebral izquierdo, pasan en parte al hemisferio cerebral derecho. Esto ocasiona variadas dificultades, que oscilan de débiles a muy importantes lo que dificulta un diagnóstico por parte de los maestros, que, a veces, les colgamos el cartelito sin saber muy bien si así justificamos sus dificultades o nuestra incapacidad para resolverlas.

No es competencia de los maestros diagnosticar a un niño disléxico o autista, porque la mayoría no estamos preparados para ello.

Cómo detectar problemas de aprendizaje

Los maestros podemos detectar indicios de que en el niño existe un posible problema a nivel de aprendizaje de la lectoescritura.

Estos indicios ya pueden aparecer en la psicomotricidad en E. Infantil al observar la falta de coordinación entre manos y pies cuando todos damos palmadas y golpes de pies, a la vez que vamos caminando; cuando es muy difícil captar a un niño su atención; cuando se queda con la
cabeza un poco levantada y ausente de lo que hacemos en clase; cuando es muy, muy desordenado; cuando tiene dificultad para recordar los colores; cuando invierte números y letras después de haber trabajado la direccionalidad, la lateralidad, el espacio; cuando tiene dificultad para hacer seriaciones; cuando no recuerda el elemento que hemos suprimido en una serie; cuando no puede repetir una serie de palabras o de golpecitos con el lápiz sobre la mesa…

Recientemente he asistido a un cursillo sobre el tema, para saber los avances que se habían realizado.

Me asombró la implicación de tantos padres y el conocimiento que tenía del tema; cómo se interesaban y preguntaban o citaban situaciones de sus propios hijos que ya habían sido debidamente diagnosticados. Se quejaban de la casi falta de diagnóstico oficial de estos niños y su lentitud en realizarlo. Ellos se quejaban también de que a muy pocos niños se les aplicaban las pruebas necesarias para detectar su problemática a tiempo de impedir que esta fuera aumentando y angustiando al niño, al comprobar que su progreso es más bajo que el de sus compañeros de aula, pasando a ser el retrasado de la clase o el vago, por mucho que se esfuerce en realizar bien sus trabajos, hasta sentirse estúpido o diferente. Solo Cataluña y Baleares lo hacen. No es baladí el problema cuando se baraja que un 40% del fracaso escolar se debe a esta causa. Personalmente me parece, que no puede ser un porcentaje tan elevado.

El niño frente a sus problemas de aprendizaje

Para un niño que se plantea su falta de capacidades para seguir el ritmo de sus compañeros (ya en primaria) es un alivio saber la causa: “el cartelito”, el saber lo que les pasa, les beneficia si los maestros adecúan su enseñanza a su problemática; si los demás niños son concienciados de que ese niño o niños trabajan bien pero con alguna diferencia en la rapidez y por eso la cantidad de trabajo de lectura y escritura no es la misma; que ellos les pueden ayudar en esas materias y a cambio esos niños ayudados les ayudarán a ellos en otras materias en las que son mejores; si los padres también comprenden su problemática y son pacientes con sus deberes, que siempre deben ser puestos en función de sus posibilidades de ritmo de trabajo, de capacidad de atención, de cansancio…Entonces el niño tendrá conciencia de su valía y no irá adquiriendo experiencias negativas que le harán perder la autoestima. Estos niños para escribir una palabra al dictado trabajan doble que otro niño sin su problema. La palabra dictada ha de ser bien percibida, y recorrer un doble camino de un hemisferio al otro antes de poder escribirla.

Les cuesta mucho copiar, sobre todo de la pizarra porque se pierden y es bueno para ellos ahorrarles los esfuerzos de la copia si se les puede proporcionar los textos fotocopiados. Los maestros solemos dictar demasiado deprisa, en cualquier posición, cuando debemos hacerlo frente a los niños para que vean muy bien nuestros órganos fonadores; dando a todos el mismo tiempo, cuando hay niños que analizar mentalmente la palabra dictada puede llevarle un tiempo considerable y luego tiene que transcribirla siguiendo el análisis realizado. Creo que esta es la causa de que muchos niños pierdan letras, sílabas e incluso palabras.

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