Letrilandia explicado por Aurora Usero

Extracto del capítulo 17: “Algunas reflexiones sobre la enseñanza de la lectura” del libro de Aurora Usero: “Orientaciones prácticas para maestros y padres”

Después de haber trabajado la psicomotricidad y la prelectura-preescritura, iniciamos la enseñanza de la lectura, sabiendo que no todos los niños están maduros para asumirla como tal lectura.

No obstante, como el aprendizaje por este método tiene como base la narración de cuentos que reproducen el ambiente en el que se desenvuelve el niño, no surge ninguna problemática porque seguimos trabajando su maduración.

Las letras están personificadas. Son los habitantes de un pequeño país llamado Letrilandia.

Todas tienen un carácter diferente y un trabajo propio.

El país está gobernado por los reyes: reina “A” y rey “U”, que tienen tres hijos: el príncipe “E” y las princesas “I” y “O”.

Las demás letras cumplen distintas funciones: panadero, vigilante forestal, enfermera, doctora, bombero, jardinero, periodista, etc.

Sería un pueblo feliz de no ser por la proximidad del país de los Gigantes, sus grandes enemigos.

El carácter travieso de los príncipes “E” e “I” justifica los problemas lectores que causan al no querer ser acompañados por la formalísima “Z” o no poderlos dejar solos en compañía del trapecista cojito “Q” o de la bibliotecaria, afónica siempre, la señorita “G”.

Cuando la periodista “K” se va a realizar reportajes tienen que buscar a sustitutos que hagan su trabajo (por eso aparece en tan pocas palabras). Estos serán la buenísima enfermera “C”que habla varios idiomas, y el trapecista “Q”, al que le apetece salir a pasear con los príncipes. Podrá hacerla cuando les acompaña el rey “U”para que los diablillos no se desmanden. Lo mismo sucederá con la bibliotecaria “G”, pero… esto fue más complicado.

Os aseguro que, si leéis los cuentos, os gustarán por cuanto globalizan los aprendizajes, divierten, despiertan interés, solucionan los problemas lectores de ce-ci, que-qui, frente a ca-co-cu, o ge-gi frente a gue-gui y a güe-güi.

A ningún niño, por inmaduro que sea, se le puede causar daño; al revés: se enriquece, aprende la correcta pronunciación de los fonemas, lo que hace mejorar su expresión oral, desarrolla su imaginación, realiza la misma actividad que sus compañeros y va aprendiendo los conceptos madurativos que le faltan; no escucha pasivamente, sino que participa activamente, ya que niños y maestro hablan, discurren, piensan en aventuras futuras, etc.

Los cuentos terminan dejando a los niños con la ilusión de qué va a pasar al día siguiente o qué nuevo personaje van a conocer.

La imagen que acompaña a este texto son las vocales, tal como las ideó y dibujó su autora.

 

 

Pin It